Rafael intentó apartar de su mente la congoja que le producía la melancolía y añoranza de los suyos. Sacó una botella de brandy que guardaba en el tercer cajón de su mesita auxiliar.
Los últimos años la bebida y las drogas había actuado de analgésico (le dolía el alma y en estas sustancias él encontraba el olvido del dolor y algo de calma...). Pero realmente era prisionero en una cárcel llena de demonios.
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