Residencia Miramar (Sevilla), 2010
Valentín era un catedrático octogenario que desde hace varios años sufría una de las más crueles enfermedades, la del olvido. Una enfermedad traidora que te va robando los recuerdos: el Alzheimer.
En los pocos momentos de lucidez que tenía, Valentín dibujaba en las paredes extraños símbolos y de forma autómata repetía: Nazca, principio y fin.
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