lunes, 7 de noviembre de 2011

El Paseo de los Tristes

Sara continuó contando su historia mientras Azaak asistía perpleja a las palabras de aquella extraordinaria mujer.
- Desde que la Inquisición se instauró en España allá por el año 1478, la intolerancia, el fanatismo y la superstición se adueñaron del corazón de esta bella tierra. Todos éramos sospechosos; judíos, musulmanes y cualquier persona con alguna inquietud intelectual. Incluso las vendettas personales solían acabar en acusaciones de brujería o de malas artes. El Santo Oficio era como una especie de policía del Alma. Autos de fe en los que se quemaban vivos a numerosos herejes, judaizantes y todo aquel susceptible de ser “salvado”.
- ¡Es horrible! -exclamó Azaak- se supone que los españoles llegaron a la tierra de mis antepasados para enseñarnos la religión del amor y el perdón, incluso se escandalizaban de nuestros sacrificios. ¿Y esa religión permite el asesinato por ser distinto? Los dioses nos dieron inteligencia para dudar de todo y para hacernos preguntas -Azaak no entendía esa supuesta superioridad espiritual del hombre blanco-.
- En Europa las cosas son más lúgubres de lo que parecen. La cultura es la medicina contra el fanatismo y el miedo. Mira, te voy a contar una historia del sitio donde nací, Granada, la ciudad más hermosa jamás imaginada por ningún dios. Allí hay un paseo que tiene una bella y triste leyenda.

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