domingo, 6 de noviembre de 2011

Hazme Un Sitio Entre Tu Piel

Habían pasado tres años desde los extraños sucesos ocurridos en Atlanta, donde un senador ultraconservador había muerto en extrañas circunstancias. Durante estos tres años el inspector Rafael Haro -de origen cubano- había sido el hombre elegido por el Servicio de Inteligencia (CIA) para aclarar los sucesos que tuvieron lugar en Atlanta. Sólo tenía una pista: España. Y una frase escrita en la mansión del senador Joe Hamilton: "La Voz Dormida, el Señor me ha enviado".
Ya daba por perdida la búsqueda cuando recibió una llamada:
-Buenas tardes inspector!! Tenemos a un chaval con síndrome de Down en la planta de psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. Ha montado un follón enorme en Toledo. Dice que es La Voz Dormida... y le contó con detalle lo sucedido...
-De acuerdo Miralles, en diez minutos nos vemos en el hospital. ¡No quiero prensa! ocúpate.
La planta de psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal era un lugar dantesco. Era como un taller humano en el que los cuerpos eran aparcados mientras las mentes eran medicadas y adormiladas. Rostros burlones, ojos sin vida, gritos y estremecedores aullidos. El Doctor García Pedraza, jefe de psiquiatría, le puso al día del extraño caso del paciente Nacho, un chaval con dieciséis años que sufría el síndrome de Down y que, desde esa misma mañana entraba en trance, vaticinando la hora exacta de la muerte del Papa...
- Y ¿qué tiene de extraño? -preguntó el inspector-. Todo el mundo sabe que el Papa está a punto de morirse, de hecho la muerte está tirándole de la manga desde hace tiempo.
- Señor inspector, lo inusual es que cada vez que entra en trance desaparecen todos los rasgos de su enfermedad. Todos los típicos síntomas del síndrome de Down se evaporan, y mantiene conversaciones coherentes!!
Cuando Rafael Haro entró en la habitación, lo que vio le produjo tal impacto que tuvo que agarrarse al borde de una silla. Nacho yacía tumbado mirándole fijamente, estaba atado por correas y conectado a multitud de máquinas. Su rostro empezó a estirarse y poco a poco una brillante luz se apoderó de su cuerpo.
- Le esperaba señor Haro -dijo una voz aflautada y asexuada-. Tenemos mucho de qué hablar, siéntese, no hay tiempo.
- ¿Quién o qué eres? -preguntó Rafael Haro mientras encendía su grabadora...-
Nacho cerró los ojos, suspiró, y empezó su relato...

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