Hacía frío, mucho frío. Azaak se había quedado dormida escuchando a Sara. Cuando abrió los ojos buscó con la mirada a su nueva amiga. La encontró en un rincón arrodillada tarareando una alegre y pegadiza melodía.
- ¿Qué cantas? -preguntó-. Es digno de admirar tu fuerza de voluntad, pareces contenta.
- ¡Que va! -suspiró Sara-. Lo que pasa es que me ha venido a la memoria una historia que me contó la hechicera de la que te hablé. Cuentan que en los extramuros de Toledo existe una venta en la que a todo aquel que la visita con el ánimo decaído y con ganas de acabar con esta vida de sufrimiento, se le aparecen los muertos y cantan esta melodía.
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